
La letra es esclava de la mano, del sentir, de la mente.
Las palabras fluyen, sangrando directamente de la venas de quien escribe, tomando intrincadas formas.
Su significado, variable; su esencia, fiel reflejo de una vida desfalleciente,
de un amor puro, o quizá del sutil conocimiento que producen las experiencias diarias.
Escribo para mí mismo, para librarme de viejos fantasmas y penas amargas,
como un exorcismo del alma.
Para convencerme de mi existencia,
de mi presencia en un mundo a veces hostil,
a veces amigable (dependiendo muchas veces de mi estado anímico).
Mi percepción del ambiente es tan subjetiva como los sentimientos;
mis escritos, tan objetivos como la pena misma que los origina.
Es difícil pretender que estoy feliz y tranquilo,
cuando la verdad estoy llorando por dentro.
Ni siquiera un mártir encuentra en su calvario
razones suficientes para seguir,
de no ser porque pose intimas creencias y esperanzas.
Por eso lo que nace de mi pluma es triste, callado,
tal como un beso obtenido por lastima.
Porque lo que no puedo mostrar de mi a los demás,
[esa parte oscura, aquella empeñada en carcomer mi dolido corazón,
esa parte q solo puedo escribir aquí con mis
PALABRAS.
POR ZENDO
POR ZENDO
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